lunes, 18 de mayo de 2020

Guerreros digitales entre delincuencia e ignorancia

La manipulación de la información debe ser considerado como un acto de alta irresponsabilidad llevado a cabo por individuos que ignoran la gravedad de sus acciones y las consecuencias que podrían generar sus actos

Los “guerreros digitales” aprovechan los momentos difíciles que atraviesa el país a causa de la pandemia del Covid-19 para esparcir el miedo y propagar mensajes que llaman a la convulsión en la población. Estas actitudes rayan entre la delincuencia y la ignorancia de quienes operan a favor de intereses políticos, ocultos bajo el anonimato que brindan las redes, expresaron asambleístas.

A la par de las nuevas tecnologías en información y comunicación las luchas sociales, los debates políticos y otras actividades en que se confrontan ideas también se trasladaron de las calles y espacios tradicionales hacia las plataformas digitales, y más precisamente a las ya famosas redes sociales.

De esta forma, discusiones ideológicas que antes se desarrollaban en aulas, oficinas, asambleas o cualquier espacio público destinado o no a este fin, ahora fueron reemplazados por el “ciberespacio”.

Cuando en la realidad, los argumentos políticos contrarios, son reemplazados por artimañas para desprestigiar al contrincante y ganar el favor del electorado en beneficio propio se produce lo que criollamente es conocido como “guerra sucia”. Esta práctica, como era de esperarse, también migró al espacio virtual y de un tiempo a esta parte ha crecido su uso por la facilidad de esconder la mano del que arroja la piedra, típico en las redes.

El caso boliviano muestra que los espacios en que usuarios de redes sociales buscan entretenimiento, información o contacto social con otros cibernautas para fines de todos los tipos, han sido saturados por los tristemente célebres “Guerreros Digitales” que encontraron en estas plataformas, el lugar ideal para esparcir la desinformación, el miedo colectivo y dadas las condiciones sanitarias actuales, el llamado al desacato de las medidas de contención de la pandemia, en favor de los intereses o posturas políticas que promueven.

Dada la coyuntura presente, el contagio masivo del Covid-19 en el mundo, una crisis sanitaria que crece cada día y otra crisis económica en el horizonte, llama la atención el rol que juegan en la red de redes. Desde manipulación y distorsión de información, hasta ataques masivos a cuentas de figuras públicas o de cualquier usuario solo por expresar su opinión a favor o en contra de alguna ideología o posición política, pueden verse a diario en las redes sociales más visitadas.

Al respecto, el diputado nacional Amilcar Barral, en contacto con El Diario, manifestó a que fueron procesados varias personas que utilizaban instalaciones estatales para desempeñar estas labores durante y después del anterior gobierno; sin embargo, aún hay cerebros o cabecillas operando y dirigiendo estos grupos con la finalidad de desinformar a la población que se encuentra cumpliendo con el confinamiento en sus hogares, sin la posibilidad de corroborar por si mismos la información que inunda las redes producto de la malicia y la organización de estos individuos.

Los cargos por los que se los persigue son el problema, según plantea Barral, pues si bien se procesó a varias personas, estos se enfrentan a penas leves, a pesar a que los actos que propician pueden desembocar en delincuencia y en grandes problemas sanitarios por la coyuntura actual.

“Entendemos que las penas tendrían que ser más duras, que todos los que sean encontrados con este tipo de mensajes y manejando a gente que quiera convulsionar el país, no solamente se los detenga y se los libere después. Que se los encarcele en máxima seguridad para dar ejemplo que no se puede estar jugando con la salud de la población con mensajes de provocación para convulsionar”, indicó el legislador, haciendo énfasis en la irresponsabilidad de personas que tienen el propósito de generar caos en tiempos en que la población necesita estar aún más informada que de costumbre.

Por otra parte, también existe un factor que debe ser considerado, el humano. Esta es la cualidad común entre los que se encuentran detrás de los perfiles de Trolls en la red. Al respecto la asambleísta departamental y vocera de la alianza Juntos, Vilma Magne, expresó que se debe tener en cuenta que las personas que se prestan a estas acciones en las redes sociales tiene intereses varios.

En el caso de los guerreros digitales vinculados al ex partido de gobierno cuyo principal factor es la defensa de sus fuentes laborales o la promesa política de acceder a un cargo, lo que mueve a la realización de estas acciones irresponsables en el campo digital. Muchas veces ignorando las posibles consecuencias de sus actos.

“Son tan seres humanos y con los mismos derechos como cualquiera. Sin embargo, fruto de sus necesidades, por cuidar su trabajo o de pronto porque tienen afinidad con algo, es que están actuando en redes sociales de la forma en que lo vienen haciendo” refirió la asambleísta, puntualizando que existen cabecillas que dirigen estas acciones con dolo y se sirven de los guerreros digitales para propagar mensajes de odio que muchas veces mellan la dignidad de particulares.

Una posición precisa sobre las actividades realizadas por los “Guerreros Digitales” en internet y específicamente en las redes sociales lo brinda la directora ejecutiva de la fundación Internet Bolivia, Eliana Quiroz, quien en contacto con este medio, indicó que el denominativo correcto para estas personas es “Trolls” y que este no es un fenómeno espontaneo sino que responden a una organización previa para generar lo que se conoce como “granjas de bots”, estos grupos responden a distintas afinidades. En el caso de Bolivia, existen Trolls/bots de todos los intereses y colores políticos cuyo fin es la difusión y/o propagación de ideas y posturas, en este caso políticas.

Lastimosamente, dentro de las actividades realizadas por Trolls, también está el ataque a gran escala de usuarios que no comparten las mismas ideas que el grupo o de los que dirigen estos. Los principales blancos generalmente son adversarios políticos o algún desafortunado usuario que solo expresó o apoyó una idea diferente.

En este ámbito, los usuarios de redes deben obligadamente buscar la mejor manera de informarse sabiendo diferenciar los contenidos verdaderos, de los que llaman al odio y que persiguen otros intereses.

“La población tiene que poder tomar una posición más allá de las consignas y el discurso de odio que estos grupos están tratando de promover” refirió Quiroz, puntualizando que esta situación tiene que ver con el derecho a la información pública de cada ciudadano. Esta debe estar proporcionada de una forma imparcial y lejos de cualquier sesgo.

Es en este punto, donde entran medios de comunicación y los periodistas, de quienes se espera un mayor y mejor trabajo referido a la verificación de la información para generar confianza en la población y esta acuda a su trabajo antes de confiar en cualquier dato o noticia de dudosa procedencia que circule por la red.


jueves, 23 de abril de 2020

Envían a Palmasola a supuesto «guerrero digital» por sedición e instigación


Efectivos de la FELCC informaron que producto de ciberpatrullajes se identificó números en WhatsApp orientados a perjudicar las disposiciones emitidas por el Gobierno.

La Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) capturó a un presunto “guerrero digital” que fue enviado al penal de Palmasola en Santa Cruz acusado por sedición e instigación pública a delinquir a través de mensajes emitidos por redes sociales.

“El señor Mauricio J.P. llamado ´guerrero digital´, (fue imputado por los delitos de) sedición, instigación pública a delinquir, atentado a la salud pública”, informó el coronel José María Velasco, director de la FELCC en Santa Cruz.

Según el policía, en cumplimiento al Decreto Supremo emitido por el Gobierno central para la lucha contra el coronavirus, se han establecido patrullajes rutinarios, selectivos y ciberpatrullajes, “llegándose a identificar números grupos en las redes sociales de WhatsApp orientados a incumplir las disposiciones emanadas por el Gobierno central”, informó.

En el marco de ese trabajo se identificó al presunto “guerrero digital” y se lo envió a Palmasola acusado por sedición e instigación pública a delinquir.

Velasco, detalló que el acusado era creador de siete grupos de WhatsApp, administrador de 11 y miembro de 75 grupos, en los que presuntamente desinformaba a la gente, sembraba odio, se identificaba con el MAS, además atacaba al actual Gobierno calificándolo de dictador y golpista.

De acuerdo al reporte policial, también se encontró mensajes de voz incitando al levantamiento civil y a calificar como "masacre" los hechos ocurridos en Senkata, El Alto.

El Deber detalla que algunos de los nombres de las cuentas son: Cruceños MAS IPSP, Arce presidente, somos millones IPSP MAS, socialistas de pie, Evo el mejor, en defensa del litio, pueblo revolucionario, elecciones 3 de mayo y otros.

El especialista en redes sociales, Marcelo Durán indicó que las autoridades debería ampliar detalles sobre cuál es la figura legal por la que el hombre fue imputado.

“Hay otra vez ese espacio en blanco que te deja a la interpretación, porque una persona que ve eso puede decir ´si yo hablo mal de la Presidenta puedo ir preso´; hay una figura que por ejemplo en los delitos financieros que dice que no se puede especular, eso sí está tipificado, pero en este caso no sé exactamente qué”, explicó.

Indicó que la mala información en el tema de la pandemia, a la que alguna vez hizo referencia el ministro de Gobierno Arturo Murillo, efectivamente es potencialmente peligrosa en caso de que se desinforme respecto al escenario de salud, sin embargo aparentemente el caso del llamado "guerrero digital" está sujeto a interpretación.

“Queda un poco abierto a la interpretación, ya que otra vez queda en quién tiene la llave de la Justicia”, sostuvo.

La semana pasada más de 60 personas fueron aprehendidas por hechos similares.


martes, 28 de enero de 2020

Información, el precio que nos cobran las redes sociales



Es el precio que más de 4.000 millones de usuarios pagamos por el servicio más popular del siglo XXI: las redes sociales y diversas aplicaciones de internet. Es la razón por la que las empresas más costosas y sus dueños se ubican entre los mayores súper millonarios del mundo.

Según la plataforma Hootsuite y la consultora We are social, hasta 2019, 4.388 millones de personas tenían acceso a internet y 3.484 eran activas en las redes sociales.

“Para ser un usuario que va a interactuar en internet, generalmente en las redes sociales o Google, uno debe obligatoriamente registrarse -explica el ingeniero de sistemas Diego Claros Subieta-. Ellos se toman la molestia de verificar que sean datos reales. Vivimos una era en la que todo necesita registro. Ahora bien, si Facebook y Google son gratuitos para los usuarios, ¿por qué les piden sus datos? Porque ellos venden esa información a otras personas y empresas para que puedan ofrecer sus productos a esos usuarios”.

Como nunca antes se cumple eso de que “la información es poder”, se ha convertido en uno de los mayores capitales de la historia. Se multiplica día a día a grados prácticamente inimaginables y cifras cada vez más difíciles de escribir y clasificar. De acuerdo a Hootsuite y We are social, cada minuto, sólo en Facebook se suben más de 566.000 comentarios, se actualizan más de 320.000 estados y se suben más de 152.000 fotografías. Es información que luego se la graba y clasifica en las memorias de las empresas. Información que, aunque sea borrada de los dispositivos de los usuarios, permanece en esa colosal nube de datos que hoy flota sobre el planeta.

Quizás decir “sólo Facebook” sea despectivo porque esta empresa resulta una de las dos grandes copropietarias de la monstruosa nube cibernética que hoy registra nuestras vidas. Desde hace algo más de dos años, Facebook es propietaria de Whatsapp y de Instagram, las tres redes sociales más utilizadas del mundo. La otra gran copropietaria de la nube es Google gracias a los diversos servicios que centraliza: desde el correo electrónico y el buscador más utilizados, hasta su sistema operativo Android y su geolocalizador GMaps.



EL CONTRATO CLAVE


“Nada es gratis en la vida y hay contratos que prácticamente todos aceptan y casi nadie lee -recuerda Claros-. No olvidemos que las redes sociales, en esos contratos que envían cuando se abre las cuentas, establecen que ellas pueden usar toda la información que uno comparta. Les autorizamos, entonces si uno sube una fotografía, aunque luego la borre, Facebook igual la tiene guardada. ¿Para qué la guarda? Para relacionarnos y para encontrarnos. Somos ‘víctimas’ de la nube, somos muy vulnerables como usuarios. Si no estamos en la nube, no podemos tener ni celular”.

Así Facebook, sus asociadas y subsidiarias saben de entrada no sólo los datos generales, el email y el número de celular. La presentación que en mayor o menor medida realizan los usuarios y los datos que luego añaden permiten conocer perfiles cada vez más detallados: para empezar, sus centros de estudio y laborales, su situación sentimental, su ciudad natal y la de residencia. Google sabe los patrones de búsquedas que uno realiza, los videos y audios que selecciona, las compras que realiza y la ubicación del usuario. Eso también para empezar.

En otras palabras, es un espionaje milimétrico que cada vez abarca a más personas y más detalles de la vida de cada persona. “No estamos siendo espiados, sino súper espiados”, declaró el experto en tecnología y doctor en ciencias sociales Martin Hillbert a la revista The Clinic. Según el experto, la cantidad de información que registran y administran las empresas de la nube supera actualmente los 11 millones de zbytes, un “zetabyte” resulta un uno seguido de 21 ceros. Esa cantidad de información equivale a formar 10 mil columnas de libros que abarquen una distancia equivalente a la que nos separa del sol. O sea, se equipara a 149,6 millones de kilómetros cubiertos con libros apilados 10 mil veces. Y cada día aumenta.



EL ESPIONAJE DIARIO


Pero no sólo las grandes copropietarias de la nube se llevan la información de los usuarios para luego comercializarla. “Ya el antiguo WhatsApp perfeccionó un ‘scraping’ (raspar en inglés) o sistema de recolección de información de usuarios -dice el informático especializado en marketing digital Freddy Andrade-. Luego, se generalizó y lo utilizan la mayoría de las aplicaciones. Por ejemplo, se ha ido poniendo de moda la aplicación china Tik Tok (semejante a Instagram, pero usa videos) que se ha ido expandiendo por el mundo. Se sabe que, al igual que otras, puede identificar no sólo gustos y necesidades cotidianas, sino también intereses más íntimos, traumas y dependencias psicológicas”.

Andrade se refiere a la ingeniería social que ha surgido del trabajo con las variables mentales y sentimentales que brindan los usuarios a las empresas. Canciones, filmes, lecturas, diversiones, imágenes permiten construir perfiles psicológicos con alta precisión y luego venderlos a empresas de toda índole, incluidos partidos políticos.

“Tenemos tantos datos y tanta capacidad de procesarlos, de identificar correlaciones, que podemos hacer a la sociedad muy predecible. Y cuando puedes predecir, puedes programar -ha señalado Hilbert al explicar el escándalo electoral de la elección de Donald Trump-. (…) Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo”.



EN BOLIVIA TAMBIÉN


Andrade puntualiza que el “scrapeo” se expandió con tal intensidad que frecuentemente es aprovechado por las aplicaciones que crean instituciones gubernamentales en diversos países. Un programador, quien pidió no revelar su nombre, aseguró que en el caso boliviano también hubo en años recientes este tipo de aprovechamiento de información. “Era un secreto a voces entre los colegas de la Agetic (Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación) -asegura-. Se usaban dispositivos para extraer conversaciones, historiales y otra información a través de las aplicaciones del Gobierno que ingresaban al WhatsApp de los usuarios. Era un sistema cubano llamado ‘Estela’ que lo pusieron hasta en el Doble Aguinaldo virtual y lo manejaba exclusivamente un equipo de cubanos”.

Una campaña vía redes de selección de candidatos a parlamentarios para el frente de Luis Fernando Camacho en semanas recientes ha generado también susceptibilidades en el programador. La iniciativa coincide con la contratación del mexicano Sergio Gutiérrez, un experto en marketing electoral que aplicó ya estrategias digitales en las últimas elecciones presidenciales ecuatorianas. “Parece que van a intentar un ‘mini Cambridge Analytica- dice, al aludir al escándalo electoral que sacudió a EEUU en 2016’”.

Y los riesgos no sólo provienen de empresarios y políticos, sino también de ciberdelincuentes. “Hay organizaciones que se orientan a hackear conexiones de wifi y el común de la gente no controla bien cuántas personas están conectadas a su wifi -dice Andrade-. Luego proceden a utilizar unos programas llamados ‘sniffers’ (inhaladores) que les permiten capturar diversos paquetes de información donde están codificados audios, historiales de navegación, cuentas, etc. Van duplicando esos paquetes y crean bases de datos con las cuales luego operan”.



MEDIDAS DE SEGURIDAD


Un experto en tecnología y seguridad, Néstor Sánchez Camacho, precisa un elemento adicional de alarma: “Por otro lado, existen compañías que proveen tecnología para recolectar datos de usuarios. Gracias a variadas técnicas pueden realizar cruces de información de múltiples ubicaciones de internet y reconstruir con asombroso detalle perfiles de los usuarios. Incluso llegan a identificar un usuario en un lugar físico a partir de sus preferencias e historial, correlacionando estos con su dispositivo móvil”.

Surge entonces la pregunta del millón de “zbytes”: ¿Cómo puede protegerse el ciudadano del súper espionaje al que se halla expuesto? “No existe una manera única de protegerse -explica Sánchez-. En este mundo conectado, la única forma de estar seguro es no estar conectado. Por supuesto que eso significa dejar de aprovechar el gran desarrollo de la tecnología. Lo que sí resulta posible es mitigar la invasión de la privacidad. Navegar en modo privado, reducir los registros en sitios de dudosa reputación. Controlar la cantidad de información compartida en los perfiles de registro es otra manera de evitar que está termine en manos de terceros no deseados”.

El experto añade que al interactuar en las redes sociales no solamente se trata de no compartir información públicamente, también es importante limitar la actividad. Cita como ejemplos prácticos el evitar los "me gusta", los comentarios y el corregistro como cuando se usa Facebook para ingresar a Spotify. Andrade señala como opciones el tener a mano viejos celulares que no pueden contactarse a internet. También insta a aprender a usar algunos navegadores alternativos como THOR que -asegura- brindan ciertos márgenes de seguridad.

Así el ciber drama del siglo XXI parece aproximarse cada vez más a historias otrora de sorprendente ciencia ficción como “Enemigo público”, “Nada es lo que parece” y hasta “Matrix”. Habrá que ver hasta cuánto está dispuesta a pagar la humanidad por los “gratuitos” servicios que le ofrece la mentada “nube”.