sábado, 14 de abril de 2012

Las redes sociales gestan otra ortografía Lenguaje

El uso de las redes sociales y su implicancia en la comunicación deja como secuela dos grandes aspectos: la democratización de la participación, en el marco de lo positivo; y la distorsión de la lengua que somete al idioma a una serie de transgresiones nada coherentes con las normas y el riesgo de la transformación. Lo que no era correcto o tradicional, con la usanza tiende a aceptarse y a establecerse.

Las redes sociales influyen en la forma de escribir de quienes las usan y constituyen una oportunidad de oro para fomentar el diálogo entre los hispanohablantes. Ya no se escribe de manera unidireccional sino "buscando la respuesta", que no siempre será plácida ni positiva.

"Las redes sociales son un balcón desde el que gritar lo que se piensa, y eso deben tenerlo en cuenta los que escriben en Internet porque a veces se producen reacciones no calculadas", afirmó Xosé Castro, traductor, guionista y experto en terminología informática, en la jornada El buen uso del español en los medios sociales, celebrada esta semana.

Organizada por la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) y la Asociación Española de Comunidades ‘On line’, la jornada sirvió para reflexionar sobre la influencia de las redes sociales en el lenguaje y el nivel de exigencia que se debería tener al escribir en Facebook o en Twitter, dada la enorme repercusión que alcanza lo que se dice en esas redes.

Los expertos participantes aseguraron que "no hay que tener miedo a Twitter ni a Facebook, porque no ejercen una presión sobre la lengua sino que suponen una oportunidad", y coincidieron en afirmar que la influencia que los medios de comunicación tenían sobre el lenguaje se ha desplazado a las redes sociales.

Para el periodista y escritor radicado en Sucre Óscar Diaz Arnau hoy la influencia de las redes es “muchísima, especialmente en las nuevas generaciones. Inciden en la manera de hablar y de escribir de las personas, sobre todo de los niños y jóvenes que encuentran allí un nuevo modo de comunicarse, ya no presencial sino virtual”.

El poeta vallegrandino Óscar ‘Puky’ Gutiérrez coincide en que “las redes sociales son, en estos tiempos, el nuevo gran escenario de la comunicación humana” y que “es solo cuestión de tiempo el que sus modalidades de expresión ingresen en otros ámbitos, como en la literatura”.

En contraparte, Gabriel Chávez desde otro frente dice: “Me aferro a las convenciones ortográficas, sintácticas y semánticas, que le dan unidad y belleza a nuestra lengua, y creo que deberíamos hacer todo lo posible por mantenerlas, incluso –y sobre todo– en nuestro trato coloquial en las redes sociales y la correspondencia electrónica, que son hoy espacios privilegiados del encuentro y el diálogo”. Eso sí, defiende su posición con la conciencia de que “con mi pasión por la ortografía y mi aversión por el descuido en la escritura, soy casi un dinosaurio, un triceratops en franco, correcto y ordenado peligro de extinción”, señala.

"En Twitter determinadas personas tienen una gran influencia en su entorno porque poseen el talento de comunicar. Es difícil controlar ese mundo tan abierto; son los individuos, y no los medios", los que influyen en la forma de expresarse, dijo en la jornada Gumersindo Lafuente, adjunto al director de El País.


En el ámbito del poder, el aspecto generacional es rescatado por el narrador Homero Carvalho, que asume que “eso se nota en los escritores jóvenes, pues con los de mi generación y las anteriores queda un vacío. Todavía somos los herederos de la máquina de escribir y nos cuesta usar la herramienta cibernética. Los jóvenes están más comunicados entre ellos, han roto las barreras que impedían la integración, el futuro está aquí y es de ellos. Por eso se publican, se leen, se critican y se difunden a través de la Web, los libros son algo accesorio para ellos, no un objeto de culto como lo eran y lo son para nosotros”.


Internet, dijo Lafuente, ofrece "un espacio de comunicación instantánea y universal que antes no existía", y acabó con "los compartimentos" en que estaba dividido el español de los diferentes países. De ahí que las Academias de la Lengua "no deberían estar preocupadas por conservar el idioma, sino por su evolución y adaptación a los nuevos medios".
Cuando se escribe en las redes, señaló Mario Tascón, director de un manual de estilo para los nuevos medios, hay que tener en cuenta que el lenguaje de un país puede resultar equívoco en otro. "El lenguaje es de todos y, en muchos casos, en algunos países pueden tener más que decir que nosotros", aseguró Tascón.
Txema Valenzuela, responsable de comunicación ‘on line’ de BBVA, describió la situación: "En los últimos años, gracias a Twitter, nuestra identidad es una foto muy pequeña y el resto es lo que escribimos, y eso hace que nos preocupemos mucho más por cómo lo hacemos". En las redes los usuarios se mueven "en círculos" y no se habla para todo el mundo sino para quienes "comparten nuestros intereses". Eso "genera jergas", como sucede en el ámbito de la economía, la publicidad, el marketing.

Experiencias

Óscar ‘Puky’ Gutiérrez
Comunicador y escritor
El lenguaje con el que nos comunicamos de forma oral o escrita es una construcción colectiva y dinámica. A través del tiempo se modifica. Este fenómeno humano es “un ser vivo”, con palabras que se eliminan por desuso (tafanario, ósculo, etc.), mientras que otras se incorporan (guglear). Con el advenimiento de las redes sociales, las personas disponemos de un nuevo soporte para comunicarnos, que, por sus características específicas, permite un uso creativo de la escritura para alcanzar sus fines. Una de sus características es la inmediatez de la interacción entre los sujetos, quizás es de ahí que proviene este uso desacralizado de las palabras, las mismas que pueden ser abreviadas con total impunidad: (t kro, k t psa); alternadas con íconos (, :P), o todo junto: (Eliana: AHI TA GRANDOTAAAAAAAAAAAAA JIJI . Brisette: siii y beiaa.... :) y maj q todo tragonanga :P).

Homero Carvalho
Narrador y poeta
Vivimos la época de la velocidad, mientras más rápido nos comuniquemos mejor. Las redes sociales facilitan esa comunicación y, a veces, por hacerlo velozmente descuidamos el lenguaje escribiendo sin corregir o creando un nuevo lenguaje en el que se mezclan palabras en otros idiomas, comprimiendo palabras sin vocales o escribiéndolas como suenan. Esto ya no tiene remedio. Las redes sociales no solo son ocupadas para relacionarse socialmente, también dan a conocer opiniones sobre los más diversos temas, pueden crear opinión pública como sucedió con el Tipnis. Pero, además, existe gente que las usa irresponsablemente para atacar y ofender a los demás. En Bolivia, asimismo, tenemos muchos autores que usan las herramientas de la Red para dar a conocer sus obras y eso da acceso, sin costo alguno, a lectores a los que nunca antes se hubiese llegado.

Edson Hurtado
Escritor
Creo que, hoy por hoy, las redes sociales están definiendo el lenguaje, al menos el lenguaje escrito. Nos aproximamos a un cambio importante no solo en la forma de escribir, sino en la manera que tenemos de expresar nuestras ideas. Hace años, cuando comenzó la explosión de los sms en el mundo, la RAE publicó un diccionario de abreviaturas ante la inminencia de esta nueva forma de comunicarnos mediante el celular. Ahora, como las redes sociales se han vuelto parte integral de nuestras vidas, y realizamos todo a través de ellas, como negocios, conquistas amorosas y debates políticos es posible afirmar que los modismos y los dialectos que se están creando en ellas terminen por ser adoptados por la sociedad entera, y al final, por ejemplo, terminemos escribiendo en las escuelas como escribimos en el chat de msn.

Paola Senseve
Sicóloga y escritora
El lenguaje, como las relaciones interpersonales y la comunicación se han adaptado a las redes sociales. Es importante abreviar, ahorrar tiempo, escribir rápido; pero de todas maneras, hacerse entender. El lenguaje del Facebook, por ejemplo, es tan popular que ha trascendido lo virtual. En las redes sociales se debería tener el mismo nivel de exigencia que se tiene al escribir una carta o un ensayo o un artículo para el periódico. Se escribe para comunicar y las normas de ortografía y redacción están para el buen entendimiento del código. Sin embargo, se han creado nuevos códigos gracias a la Internet y las redes sociales y si estos códigos logran su función comunicacional, entonces, tampoco podemos decir que son "incorrectos". El Twitter solo admite 140 caracteres y hay que valerse de la creatividad para organizar la idea y hacerla entrar en ese texto.

Límite y transformación

Txema Valenzuela llamó la atención sobre lo fácilmente que "las incorrecciones en el lenguaje" acaban arrastrando a los usuarios de las redes.
Twitter y Facebook "están creando una nueva ortografía. La norma académica sirve hasta que enciendes la computadora", porque también hay "una ortografía aplicada que se impone desde la red", señaló Xosé Castro.
¿Qué nivel de exigencia se debería tener al escribir en Facebook o en Twitter?. Óscar Diaz está de acuerdo con la apertura a nuevas formas de lenguaje, pero no cree “que sea bueno hacer de la lengua un elástico caprichoso y descontrolado, y que nos valgamos de los favores de las redes sociales para justificar esta inconveniencia. Se confunde y se cree que, por ser Facebook o Twitter está permitido el abreviado ininteligible u otro tipo de arbitrariedades con el lenguaje”.
Óscar Gutiérrez cree que no debería haber exigencias. “La Internet 2.0 posibilita que kda 1 de nosotros se convierta en un sujeto emisor de conteni2, por lo tanto, la forma y el fondo de lo que cada persona ‘suba’ al ciberespacio es un acto de absoluta responsabilidad individual. Democracia digital, que le dice”.
Edson Hurtado comparte que no se puede controlar cómo escribe la gente. “Lo que se puede es evidenciar el patético estado de la educación en Bolivia y de la poca iniciativa de los estudiantes por escribir un poco mejor. Lo mejor que se puede hacer es entender el proceso evolutivo que toma el lenguaje en todo el mundo, procesarlo, regularlo e institucionarlo. De ese modo no se permite que la anarquía se apodere de uno de los rasgos más importantes del ser humano: el lenguaje”.

Subversión de los teclados
Cabriel Chávez Casazola / Comunicador y escritor
Si el correo electrónico y las redes sociales tienen en su favor el habernos devuelto al noble y por algunos años olvidado ejercicio epistolar –ese género en apariencia menor, pero que en ciertas manos alcanzó y alcanza las cotas más elevadas del oficio de escritura–, paradójicamente han asestado también un duro golpe al uso correcto de la palabra escrita.
Su obligatoria velocidad, su formato tentadoramente informal, su ausencia de soporte físico, sitúan al e-mail, y ahora a las todavía más amigables redes sociales, a medio camino entre la conversación y la correspondencia, entre la palabra hablada y la escrita, invitando a sus usuarios a tomar ciertas libertades que una vieja carta en papel no hubiera admitido.
Así, las licencias ortográficas y el empleo de expresiones coloquiales, cuando no la palabra redactada tal como si hubiera sido dicha –con resonancias propias del libre y personal flujo de cada voz humana– se han convertido en usanzas casi características de los mensajes electrónicos o los ‘posts’.
Inclusive, en el caso del Twitter o el chat aquellas libertades y licencias resultan ser totales (a lo cual contribuye también el cómodo anonimato que suele proporcionar el nombre de usuario), haciendo de la excepción una regla y llegando a configurar un lenguaje propio y distinto, un código alterno de los twitteros y chateadores, atravesado por neologismos cibernéticos, arrobas, emoticones y otras insólitas expresiones de teclado.
En el correo electrónico y más en las redes sociales y el chat se tiende a escribir como se habla, y hasta se intenta escribir como se piensa, de la cabeza a la pantalla, pasando por alto convenciones formales del lenguaje escrito; vaciando los significados en significantes ordenados a la manera oral (a ello se recurre en la narrativa, pero como ejercicio estilístico) o francamente desordenados.

O es más, quién sabe, reordenados en un nuevo sistema de sentidos que se está haciendo a sí mismo, tejiéndose en las redes de computadoras e instituyendo sus propias reglas y convenciones como fruto del uso y propiedades de la comunicación en línea, tal cual ocurrió siglos ha y aún sigue ocurriendo –aunque en función a normas y moldes hace tiempo definidos– con el lenguaje común.

Todo indica que nos encontramos frente a una embestida de la vieja y plural oralidad en los mismos dominios de la escritura única, paradójicamente por obra y gracia de los modernos ordenadores. Pero, lo que más interesa de este proceso no es tanto conocer sus características, harto evidentes, cuanto vislumbrar hasta dónde llegarán sus alcances.
¿Logrará pervertir (o subvertir) la esencia misma de la palabra escrita como hoy la conocemos, alterando su codificación?
¿Romperá la unidad de las diversas lenguas y apartará definitivamente al español de las convenciones normadas por la Real Academia? ¿Será esto beneficioso o pernicioso? Y, al margen de su conveniencia, ¿será inevitable?

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